Perfiles – Osdalgia

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Ha sido alabada como la sucesora de Elena Burke y Omara Portuondo— las cantantes de música torch que saltaron a la fama con boleros y baladas románticas en los años 50—, pero Osdalgia no inspira nostalgia. Cuando se la oye cantar, uno no tiende a reflexionar sobre lo que la música cubana ha sido sino que se queda estupefacto con lo que la música cubana es hoy en día.

“Cantar filín, cantar boleros, para mí no tiene que ver con seguir los pasos de nadie —explica—. Es una forma de vida, una forma de expresar el amor. Con el filín y el bolero, tenemos algo que decir. Mi público y yo nos entendemos mutuamente. Entienden quién soy porque escuchan lo que canto”.

A finales del siglo XX, cuando los músicos cubanos producían salsa o pensaban en formar un grupo de reggaeton, Osdalgia ralentizó el tempo e hizo subir la temperatura. La Culebra, su primer disco en solitario que le mereció un premio Cubadisco en el año 2000, se concibió como un homenaje a Benny Moré. Fue un movimiento particularmente osado para una cantante hasta entonces desconocida. “Casi ninguna cantante cubana se había atrevido con el repertorio de Benny Moré— recuerda—. Hay mucho miedo en el mundo de la música popular que es general muy masculino, muy machista”.

Osdalgia puso esos miedos de lado y se dio a conocer como “la nueva voz de Cuba“. Apareció en radio y televisión y emprendió una gira por la isla y por el mundo. Ahora escribe sus propias canciones para mostrar lo que es capaz de hacer con su voz.

Ten en cuenta dos de las contribuciones de Osdalgia a The Search Continues, el último álbum de Gilles Peterson dentro de la serie Havana Cultura. “Agita” es un dueto interpretado con El Micha, una de las grandes estrellas del Cubatón. El otro tema, “Vida“, presenta a una Osdalgia cantando en compañía de Edgaro,  del dúo de rap Doble Filo, sobre extractos de “¡Oh, vida!” de Benny Moré. ¡Y adivina qué! Los dos temas de Osdalgia son bailables.

“Es increíble”, comenta Peterson durante una de sus sesiones con Osdalgia. Si bien estaba al tanto de su reputación como vocalista, Peterson estaba interesado en ver lo que Osdalgia era capaz de hacer en la pista de baile. “Quería esa especie de Chaka Khan, Jocelyn Brown, diva…Ella condescendió brillantemente.”

Su nombre de pila es Osdalge Lesmes Echevarría y nació en La Habana en 1970. Su madre era costurera y su padre profesor. Los primeros dos años de su vida los pasó en Luyanó, pero creció en los barrios de Jesús, María y Belén de La Habana Vieja. Osdalgia siempre estaba fuera de casa escuchando música callejera y uniéndose a fiestas de rumba. En la escuela, estudió canto, ballet y pintura. Una de sus tías, Luisa María Lesmes, actuó en el Teatro Musical de La Habana, y en ocasiones se llevaba a Osdalgia con ella y le conseguía un papel en una obra de teatro.

Cuando Osdalgia tenía 13 años, se mudó con sus padres a Alamar en el extremo oriental de La Habana y todo cambió. “Fue traumático —recuerda Osdalgia—. En La Habana Vieja, todo estaba cerca: la rumba, la música en la calle, el teatro. En Alamar, estaba perdida.”

Cuando tenía 18 años, se matriculó en la Universidad de La Habana y se formó para ser actriz y directora de teatro. “Cuando me gradué, no había ninguna salida que me interesase —explica—. Estaba la opción del teatro infantil o del teatro experimental, así que decidí que no quería nada que ver con el teatro en ese momento”.

Un día de 1992, —el 15 de diciembre para ser exactos—, se encontró con una amiga en Vedado que le preguntó si conocía a alguien que pudiese cantar en un cuarteto en el Cabaret Parisien. Iba a ser más un show que un concierto: cuatro chicas luciendo plumas y lentejuelas con un poco de canto y baile. Y, para Osdalgia, sonaba divertido. También sonaba como algo que era capaz de hacer. Así que se fue al Cabaret Parisien y conoció al director musical Miguel Peterson, que pasó el resto del día aprendiendo ocho canciones. Al día siguiente, las cantó en el escenario como parte del cuarteto Sepias de Fuego.

Trabajó en el Cabaret Parisien durante un año, pero su verdadero aprendizaje musical tuvo lugar en una playa de Varadero. Fue ahí a cantar con un grupo, pero no funcionó, así que Osdalgia y el guitarrista del grupo, que también tocaba el bongo, se unieron al circuito de hotel y playa. Interpretaban mientas los turistas desayunaban o almorzaban, y Osdalgia aprendía cómo hacerse oír sin micrófono. Asimismo, se aprendió un amplio repertorio para aceptar peticiones.

Por aquel entonces, empezó a viajar fuera de Cuba, —España, Bélgica y Alemania— y cantó en una sucesión de bandas: Las Nuevas Mulatas de Fuego, Los Siete del Son, Canela, Las Chicas del Sabor. Pasó la mitad del año 1997 en Italia trabajando en RAI Uno. Cuando volvió a Cuba al año siguiente, conoció a Jose da Silva, el fundador de Lusáfrica, un sello basado en París. Firmó con Osdalgia un contrato de cinco años y lo demás, como dicen, es historia.

Hoy en día, Osdalgia vive con su hijo en una calle (relativamente) tranquila del Distrito Playa. En una esquina de la habitación en la que trabaja se encuentra una vieja guitarra que le dio su padre. A veces escribe canciones en su balcón para que pueda ver lo que pasa en la calle. Uno de sus temas, “La fulana llegó“, lo escribió esperando el autobús.

“Algunas canciones me vinieron más fácil que otras—dice—. Cuando estoy muy triste, las canciones me vienen rápidamente.” Cuando necesita inspiración, escucha a los referentes del bolero, —La Lupe, Elena Burke,Omara Portuondo, Benny Moré: “¡El repertorio cubano que tenemos es inmenso!”.

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Cortesia de ``Havana Cultura``

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