Por Adalys Bonilla Ramos

J

uan Luis Guerra puso a bailar hasta al más tieso durante la segunda función de su concierto Todo tiene su hora, que presentó el sábado 20 de febrero en el Coliseo de Puerto Rico José Miguel Agrelot.

Acompañado por su 4.40, el artista puso pie en tarima a las 9:07 de la noche cuando aun el público se acomodaba en sus asientos. Salió de una cabina de teléfono ubicada en la parte posterior del escenario y comenzó con Cookies and Cream sus casi dos horas de buena música.

“Buenas noches, Puerto Rico. Un placer estar con todos ustedes. Gracias por el cariño que siempre nos brindan”, saludó brevemente para continuar con La Travesía, seguida por uno de sus más grandes éxitos: Ojalá que llueva café. Para entonces, ya el público se meneaba y la sección de arena comenzaba a convertirse en una gran pista de baile.

La llave de mi corazón fue el próximo tema, seguido por Mi bendición, con la que recordó los 31 años que lleva casado con su esposa Nora. Luego presentó un popurrí de salsas que dedicó al Gran Combo de Puerto Rico. “Como aprendimos tanto de ellos, queremos dedicarle este medley a Cortijo y su combo”, dijo luego de recordar los tiempos en que, de pequeño, veía al Gran Combo en la televisión de su natal República Dominicana.

Sin duda, Guerra tenía una sorpresa muy bien guardada para la noche: la visita en tarima del boricua Luis Fonsi, que fue recibido con vítores del público. Juntos, cantaron Muchachita linda y el tema de Fonsi Llegaste tú.

La noche siguió cual fiesta bailable con El costo de la vida, Para ti, Tus besos y la canción que da nombre al concierto, Todo tiene su hora. El simpático artista habló entre tema y tema, compartió con el público su fe en Jesús y se movió al pegajoso ritmo de sus canciones. En el llamado Choliseo no había una sola persona quieta. En arena se bailaba sin pausa, en las gradas se meneaban hasta las sillas, y hasta los músicos de la 4.40 se movían en casi perfecta coreografía. Manos arriba, palmadas, movimientos de cadera, cinturas sueltas y mucha alegría fueron las constantes durante el resto del espectáculo con los éxitos Visa para un sueño, La guagua, El Niágara en bicicleta y, por supuesto, La bilirrubina.

No era suficiente, el público deseaba más y Juan Luis lo sabía. Tras despedirse por primera vez,  y ante la insistencia de su animadísima audiencia, regresó sonriente para seguir el baile con A pedir su mano y complacer a sus fieles seguidores con otro medley, esta vez de sus clásicas bachatas Estrellitas y duendes, La hormiguita, Bachata en fukuoka, Que me des tu cariño, Bachata rosa, Frío-frío y Burbujas de amor.

La noche terminó con el tema Las Avispas. Meneando las manos de lado a lado y luciendo su usual boina, Juan Luis se despidió finalmente del público que seguramente terminó con los pies cansados, pero complacido con un excelente espectáculo.